
Hemos compartido en el blog muchos consejos para escribir, como los consejos de escritura de Octavia E. Butler, los consejos para escritores de Ray Bradbury o los tips para escritores de Erskine Caldwell. En esta ocasión hablaremos de las reglas, o consejos, para mejorar la prosa literaria de George Orwell.
Seguramente tengas referencias de este autor por su obra más conocida, 1984, una novela distópica en la que aparece el personaje Gran hermano, el ente que gobierna Oceanía, líder todopoderoso del Partido. Bajo su mandato, los cuerpos de seguridad vigilan a cada ciudadano en todo momento.
En su artículo “La política y el idioma inglés”, Orwell nos habla de los trucos con los que se acostumbra a evadir la tarea de componer la prosa literaria. Para Orwell, son los errores que debemos evitar para mejorar nuestra prosa literaria. Las llama reglas, pero podemos tomarlas como muy buenos consejos.
1-No utilices metáforas moribundas.
Una metáfora que se acaba de inventar ayuda al pensamiento evocando una imagen visual, mientras que una metáfora técnicamente «muerta» (por ejemplo, “una férrea determinación”) se ha convertido en un giro ordinario y por lo general se puede usar sin pérdida de vivacidad. Pero entre estas dos clases hay un enorme vertedero de metáforas gastadas que han perdido todo poder evocador y que se usan tan sólo porque evitan a las personas el problema de inventar sus propias frases.
Orwell llama metáforas moribundas a lo que normalmente conocemos como frases hechas. Muchas frases hechas son metáforas, muy extendidas en el habla coloquial, que usamos habitualmente, pero que no son producto de nuestra imaginación o nuestro ingenio. El trabajo vino de otro, del primero que la utilizó.
En algún caso, puede ser aceptable la utilización de una frase hecha cuando el que habla es un personaje, pero ten en cuenta que un exceso de este tipo de frases hacen que el discurso suene muy coloquial. Si lo que quieres es escribir, literatura, mejor evítalas.
2-No emplees operadores o extensiones verbales falsas.
Estas nos evitan el problema de elegir los verbos y sustantivos apropiados, y al mismo tiempo atiborran cada oración con sílabas adicionales que le dan una apariencia de simetría. Algunas expresiones características son: volver no operativo, militar contra, hacer contacto con, estar sujeto a, dar lugar a, dar pie a, tener el efecto de, cumplir un papel (rol) principal en, hacerse sentir, surtir efecto, exhibir la primera tendencia a, servir el propósito de, etc. El principio básico es eliminar los verbos simples. En vez de una sola palabra, como romper, detener, deteriorar, remendar, matar, un verbo se convierte en una frase, formada por un sustantivo o un adjetivo pegado a un verbo de propósito general, como resultar, servir, formar, desempeñar, volver.
Lo que nos dicen Orwell aquí es que tengamos cuidado con el abuso de perífrasis o el empleo de verbos auxiliares. Como dice más adelante, cuanto más breve se dice, se está diciendo normalmente de forma más precisa. Hacer dibujos es dibujar, ir de viaje es viajar, coger un vuelo es volar… Utiliza los verbos adecuados.
3-No tengas una dicción pretenciosa.
Palabras como fenómeno, elemento, individual (como sustantivo), objetivo, categórico, efectivo, virtual, básico, primario, promover, constituir, exhibir, explotar, utilizar, eliminar, liquidar, se usan para adornar una afirmación simple y dar un tono de imparcialidad científica a juicios sesgados. El resultado es, en general, un aumento de la dejadez y la vaguedad.
Ya sabes. No seas pretencioso, sé natural.
4-No utilices palabras sin sentido.
En ciertos escritos, en particular los de crítica de arte y de crítica literaria, es normal encontrar largos pasajes que carecen casi totalmente de significado. Palabras como romántico, plástico, valores, humano, muerto, sentimental, natural, vitalidad, tal como se usan en crítica de arte, son estrictamente un sinsentido, por cuanto no sólo no señalan un objeto que se pueda descubrir, sino que ni siquiera se espera que el lector lo descubra. Otras palabras que se emplean con significados variables, en la mayoría de los casos con mayor o menor deshonestidad son: clase, totalitario, ciencia, progresista, reaccionario, burgués, igualdad.
La tendencia general de la prosa literaria moderna es alejarse de la concreción.
La gente que escribe de esta manera manifiesta un significado emocional general —detesta una cosa y quiere expresar solidaridad con otra— pero no está interesada en los detalles de lo que está diciendo.
Para evitar estos errores y con el fin de mejorar el estilo de la prosa literaria, Orwell aconseja hacerse una serie de preguntas.
Un escritor cuidadoso, en cada oración que escribe, se hace al menos cuatro preguntas, a saber:
- ¿Qué es lo intento decir?
- ¿Cuáles son palabras adecuadas para expresarlo?
- ¿Qué imagen o modismo lo hace más claro?
- ¿Es esta imagen lo suficientemente fresca para producir efecto?
Y probablemente se haga dos más:
– ¿Puedo ser más breve?
– ¿Dije algo evitablemente feo?
El estilo inflado es en sí mismo un tipo de eufemismo. Una masa de palabras latinas cae sobre los hechos como nieve blanda, difumina los contornos y sepulta todos los detalles. El gran enemigo del lenguaje claro es la falta de sinceridad.
Cuando hay una brecha entre los objetivos reales y los declarados, se emplean casi instintivamente palabras largas y modismos desgastados, como un pulpo que expulsa tinta para ocultarse. Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento. Un mal uso se puede difundir por tradición e imitación incluso entre personas que deberían saber y obrar mejor. El lenguaje degradado que he examinado es, en cierta forma, muy conveniente. Expresiones como un supuesto no injustificable, una consideración que siempre debemos tener en mente, dejan mucho que desear. No cumplen un buen propósito, son una tentación continua, una caja de aspirinas siempre al alcance de la mano. Esta invasión de la mente por frases hechas sólo se puede evitar si se está continuamente en guardia contra ellas. Y cada una de esas frases anestesia una parte del cerebro.
Orwell nos dice aquí que evitemos el estilo formal y el exceso de retórica.
Como resumen, en su ensayo nos habla de unas reglas básicas que debemos tener presente para lograr un buen estilo literario. Yo creo que son una reglas muy interesantes y que te pueden ayudar a mejorar tu prosa literaria.
A menudo uno puede dudar sobre el efecto de una palabra o una expresión y necesita reglas en las que pueda confiar cuando falla el instinto. Pienso que las reglas siguientes cubren la mayoría de los casos:
Reglas para mejorar la prosa literaria:
1) Nunca use una metáfora, un símil u otra figura gramatical que suela ver impresa.
2) Nunca use una palabra larga donde pueda usar una corta.
3) Si es posible suprimir una palabra, suprímala siempre.
4) Nunca use la voz pasiva cuando pueda usar la voz activa.
5) Nunca use una locución extranjera, una palabra científica o un término de jerga si puede encontrar un equivalente del inglés cotidiano.
6) Rompa cualquiera de estas reglas antes de decir una barbaridad.
Estas reglas parecen elementales, y lo son, pero exigen un profundo cambio de actitud en todos aquellos que se han acostumbrado a escribir en el estilo que hoy está de moda.
Conoce mejor a George Orwell:

Felicitaciones por la página, tienen buenos consejos.
Muchas gracias. Bienvenido. Pásate siempre que quieras.
Vamos a ver… Orwell refería esos consejos, obviamente, a la lengua inglesa. En español es igualmente obvio que esas consideraciones adoptan valores distintos, porque distintas son esas lenguas entre sí. No son consejos universales, válidos para cualquier idioma. Cada uno de estos tiene cualidades y recursos diferentes, lo que se debe traducir en consejos, o como decía Orwell, reglas, diferentes. Por poner solo un ejemplo, lo que este autor considera como “dicción pretenciosa” no tiene este carácter en español, debido a que son palabras de origen latino, más frecuentes en nuestro idioma que en el británico. Vale que la dicción pretenciosa también se debería evitar en español, pero esta lengua tiene manga más ancha en ese sentido, por el motivo que acabo de mencionar. Y esto, como digo, es solo un ejemplo…
Hola, Alejandro:
Sí, lógicamente se refería a la lengua inglesa, pero yo creo que las reglas son aplicables perfectamente al español. Lo que él llama metáforas moribundas son las frases hechas, tal y como se indica en este artículo del blog, y la dicción pretenciosa no es otra cosa que la falta de naturalidad. Evidentemente las palabras que pueden o no resultar naturales en un idioma no son las mismas que en otro, pero sí es válido el consejo. Adornar una afirmación simple es, por ejemplo, un ejemplo de falta de naturalidad que a menudo observo en escritores principiantes. Y también el uso de palabras que no suenan naturales y que dan al estilo un aire pretencioso. Como cuando se sustituye el “dijo” en los incisos de los diálogos con palabras como “aseveró” o “sostuvo” en un diálogo coloquial en cuanto a contenido y con personajes que hablan dentro de un contexto familiar.