
Siguiendo la estela de otros consejos de escritores hispanoamericanos, como el Decálogo de Augusto Monterroso o el Decálogo del perfecto cuentista de Quiroga, ambos recogidos en otras entradas de nuestro blog, a Andrés Neuman no le basta con uno, y son dos los “Dodecálogos de un cuentista” que nos ofrece.
El primero de ellos se recogía en el epílogo de su colección de relatos titulado El último minuto, que más tarde fue revisado por el autor. El segundo se incluye en el epílogo de Alumbramiento (relatos), que también recoge el primero de los dodecálogos, una vez corregido.
Estos consejos de escritores que nos proporciona Neuman son especialmente pensados para cuentistas, género en que el destaca el autor de origen argentino residente en España. De ellos, dice:
“Los vicios son tenaces: al igual que en los anteriores libros de cuentos, incluyo aquí un breve epílogo sobre el género. La teoría en la que confío no viene ante, sino después de la escritura. No la planea, la va descubriendo. O quizás esa teoría se forme durante la escritura, como un cuaderno de bitácora de la asombrada práctica. Se ofrecen a continuación dos subjetivos dodecálogos. El primero, ahora corregido, iniciaba el epílogo de El último minuto. El segundo dodecálogo es nuevo y lo complementa. Ojalá alumbren”.
A continuación los dos dodecálogos mencionados:
DODECÁLOGO DE UN CUENTISTA
I
Contar un cuento es saber guardar un secreto.
II
Aunque hablen en pretérito, los cuentos suceden siempre ahora. No hay tiempo para más y ni falta que hace.
III
El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento, o su muerte por asfixia.
IV
En las primeras líneas un cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, paradójicamente, si es demasiado brillante se olvida pronto.
V
Los personajes no se presentan: actúan.
VI
La atmósfera puede ser lo más memorable del argumento. La mirada, el personaje principal.
VII
El lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.
VIII
La voz del narrador tiene tanta importancia que no siempre conviene que se escuche.
IX
Corregir: reducir.
X
El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.
XI
En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad caber en un minuto.
XII
Narrar es seducir: jamás satisfagas del todo la curiosidad del lector.
Nuevo dodecálogo de un cuentista
I
Si no emociona, no cuenta.
II
La brevedad no es un fenómeno de escalas. La brevedad requiere sus propias estructuras.
III
En la extraña casa del cuento los detalles son los pilares y el asunto principal, el tejado.
IV
Lo bello ha de ser preciso como lo preciso ha de ser bello. Adjetivos: semillas del cuentista.
V
Unidad de efecto no significa que todos los elementos del relato deban converger en el mismo punto. Distraer: organizar la atención.
VI
Anillo afortunado: a quien escribe cuentos le ocurren cosas, a quien le ocurren cosas escribe cuentos.
VII
Los personajes aparecen en el cuento como por casualidad, pasan de largo y siguen viviendo.
VIII
Nada más trivial, narrativamente hablando, que un diálogo demasiado trascendente.
IX
Los buenos argumentos jamás pierden el tiempo argumentando.
X
Adentrarse en lo exterior. Las descripciones no son desvíos, sino atajos.
XI
Un cuento sabe cuándo finaliza y se encarga de manifestarlo. Suele terminar antes, mucho antes que la vanidad del narrador.
XII
Un decálogo no es ejemplar ni necesariamente transferible. Un dodecálogo, muchísimo menos.
Muy buenos consejos.