
La psiconarración, también llamada flujo de conciencia o corriente de conciencia, es una técnica literaria que se emplea para reflejar el mundo interior de los personajes de una narración. Junto con el monólogo interior directo, el monólogo interior indirecto y el soliloquio, es una de las técnicas de corriente de conciencia que podemos encontrar sobre todo en la novela, aunque no es exclusiva de ella.
A diferencia del monólogo interior que utiliza la primera o la segunda persona, la psiconarración es una técnica que se sirve de la forma personal en tercera persona, a través de un narrador omnisciente (focalización cero), para reflejar la psicología o la vida psíquica del protagonista o protagonistas.
En el monólogo interior, se disimula totalmente la presencia del narrador para acceder a la reproducción directa del proceso mental del personaje y, por eso, el discurso aparece desordenado y caótico. Es casi como una reproducción textualmente de la cháchara mental de protagonista, todo lo que le pasa por la cabeza, tal y como le viene, sin filtros. En la psiconarración, por el contrario, el discurso es ordenado y se mantiene dentro de la reglas de la gramática, si bien, sí puede aparecer diseminado, disperso, insertado dentro del discurso narrativo de las acciones del personaje.
Se trata, pues, de una variedad monológica de reproducción del pensamiento en forma indirecta en la que, desde una focalización omnisciente, el narrador relata con su propia voz la vida psíquica de los personajes.
A veces a este tipo de narración se le conoce como descripción omnisciente.
A continuación puedes leer en ejemplo de El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez.
La misma noche de la renuncia, mientras se desvestía para dormir, le repitió a Fermina Daza la amarga letanía de sus insomnios matinales, las punzadas súbitas, las ganas de llorar al atardecer, los síntomas cifrados del amor escondido que él le contaba entonces como si fueran las miserias de la vejez. Tenía que hacerlo con alguien para no morirse, para no tener que contar la verdad, y al fin y al cabo aquellos desahogos estaban consagrados en los ritos domésticos del amor. Ella lo oyó con atención, pero sin mirarlo, sin decir nada, mientras iba recibiendo la ropa que él se quitaba. Olía cada pieza sin ningún gesto que delatara su rabia, la enrollaba de cualquier modo, y la tiraba en el canasto de mimbre de la ropa sucia. No encontró el olor, pero daba lo mismo: mañana será otro día. Antes de arrodillarse a rezar frente al altarcito del dormitorio, él concluyó el recuento de sus penurias con un suspiro triste, y sincero, además: «Creo que me voy a morir». Ella no parpadeó siquiera para replicarle.
Como veis, en este caso, es el narrador el encargado de mostrarnos los pensamientos y sentimientos de Florentino Ariza, uno de los protagonistas. Este es un buen ejemplo de psiconarración, porque con frecuencia, esta se centra en reflejar, más que los pensamientos, las emociones y estados de ánimo de los personajes.
Otra de las diferencias, y ventajas, de la psiconarración, es que tiene mayor flexibilidad temporal. En el monólogo interior, los pensamientos se limitan a un breve periodo de tiempo, momento en el que el tiempo narrativo y tiempo de la acción coinciden. En la psiconarración es posible resumir estados de ánimo del presente e incluso del pasado, lo que hace de la psiconarración una buena técnica para lograr un retrato psicológico de nuestros personajes de ficción.
Bibliografía:
Álamo Felices, Francisco. “El monólogo como modalidad del discurso del personaje en la narración”.
De Juan Bolufer, Amparo. La técnica narrativa en Valle Inclán.
Humphrey, Robert. La corriente de la conciencia en la novela.
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Llegó a mis manos un libro artesanal y la persona que me lo entregó, muy emocionado, me dijo que era hermoso, prosa poética!
De inmediato comencé a leerlo y al primer cuarto de lo escrito me pude dar cuenta que la historia no iba a ningún lado. Investigando por aquí y allá alguien me sugirió que tal vez fuese una corriente de consciencia. Y en mis investigaciones llegué aquí. Por lo que entendí, ese fluir de la conciencia es básicamente manejado por el autor para presentar características especificas del personaje. No se si podrán orientarme, pero lo que escribe este muchacho para mí no tiene pies ni cabeza. No es estructurado, no usa puntuación adecuada y las ideas del comienzo se diluyen hacia el final. Sin ser excluyente, creo que tiene un pequeño retraso y de algún modo aprendió a escribir usando términos poéticos que tapan su contenido. ¿Conocen algún otro caso como este? Estoy muy confundida.
Hola, Antonieta.
Efectivamente, el fluir de conciencia es un texto algo caótico y, con frecuencia, no está puntuado conforme a las reglas de la gramática. Si el texto del que hablas, es poético o no, tiene interés o no, es literario o algo que no tiene ni pies ni cabeza como tú dices, es algo que no podemos valorar sin analizar el texto. Imagino que lo entiendes.